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martes, 7 de febrero de 2012

Fachadas talladas de Sanzoles - Oficio y decoración

Escrito por Luis Puga Oribe.

Paseando por un pueblo descubrimos sus calles, sus edificios y en especial sus fachadas. La cara mas amable, cuidada y elaborada de la casa del labriego es la fachada principal, la que presenta a la gente que llega, donde el maestro de obras expresa, con el consentimiento del propietario, su mejor manera de hacer. En ella elabora con su técnica, aprendida de su maestro y aderezada con su práctica, destreza y observación, lo mejor de su oficio.

Todo aquel que transitando, mejor a pie, tenga interés y curiosidad, podrá descubrir algunos ejemplos decorativos de aquellos antiguos maestros que con escasos recursos y mucho entusiasmo han dejado sobre los muros de singulares fachadas.

Fechado en 1823, como reza en el dintel, un hueco de pequeño tamaño, en la misma carretera, donde podemos ver una ventana decorada con talla en bajorrelieve. Tres palmetas o abanicos semicirculares, rodeadas de una cenefa lisa, una entrecalle de doble ancho y otra cenefa del mismo ancho que la interior, realzan el hueco y enmarcándolo.

En el centro de esta segunda moldura, tanto en el dintel como en las jambas laterales, se abren semicírculos realzando el aspecto de la ventana, pequeña para la dimensión del muro en el que se ubica.En el interior del semicírculo tallados en cada uno de ellos un abanico.

El abanico es el elemento decorativo que mas veces se repite, nos hace pensar que probablemente eran realizados por la misma persona, o miembros de la misma familia o cuadrilla, pues existe distinta calidad en la talla pero mucha similitud en el tema.El abanico, con el sol girando de este a oeste, destaca y pronuncia su relieve con el contraste de la luz y de la sombra en las aristas vivas o endidas.

También fechado. En este caso en 1834, creo adivinar, roto en su parte baja por un incremento del hueco del que se conserva la parte superior del recercado (o reutilizado de otra construcción de mayor antigüedad). También en bajorrelieve, una entrecalle y un nuevo abanico o forma de concha que acompaña la fecha de construcción probablemente del edificio.

Mas abajo, cerca del ayuntamiento, un nuevo abanico, este sin discusión, con planos plegados que permiten identificar el adorno de la ventana. El arco, en este caso rebajado que enmarca el abanico, lo separa de una superficie rugosa, escodada, y un plano liso cepillado al interior.

Junto al Colmenar, un hueco pequeño, en este caso sin modificar su tamaño original. Un alarde de curvas en las esquinas superiores, remate inferior de jambas y el mas destacado en el dintel, con un abanico o palmeta. Moldura de recercado variada, con diversos niveles y anchos conformando una cenefa elaborada con varias profundidades de talla. Sin fechar realza una ventana con gracia y singularidad.

En la calle Zamora, cerca de la Iglesia, encontramos el dintel mas decorado. Un ramo de laurel, una concha (probablemente alusiva al camino de Santiago), dos discos de diferente tamaño alineados por su lado inferior y una flor de seis pétalos, estas dos últimas figuras inspiradas en los motivos de la antigüedad celta. Sorprende la falta de simetría en la colocación de las tallas. Su orientación al norte impide disfrutar del relieve visual que le aporta a estas decoraciones la luz cuando están soleadas.

La embocadura de la ventana, exquisitamente tallada con filetes de distinto tamaño y un cuarto de bocel, permiten abocinar con buen gusto el hueco para mejorar el paso de luz.

El dintel mas antiguo del pueblo. Fechado en el año 1790, muy probablemente traído de alguna construcción abandonada (pudiera tratarse del monasterio o convento que existió en el teso del Viso). La flor de lis situada sobre su clave de calidad escultórica inmejorable. El símbolo de Jesucristo a la izquierda y la V y M superpuestas a la derecha. El centro un tanto destrozado por el bajorrelieve realizado para empotrar el número. El diseño semicircular en el centro (quizás sirvió de referencia para los otros descritos) y las orejas formadas a ambos lados, con el relieve de su moldura, que se pierde al llegar a las jambas en las que se descubre la distinta procedencia de la piedra superior y las dos verticales laterales son fácilmente percibidas.
Esta pieza contiene, tanto por su escritura, como por su decoración, referencias decorativas propias del barroco español mas tradicional.

El diseño de este dintel, me atrevería a afirmar que fue admirado e imitado en los huecos anteriores, claramente ejecutados con diferente maestría.

Siguiendo las referencias cristianas, volviendo calle arriba, encontramos este dintel de 1953. Referencias de JS nuevamente de origen cristiano con una flor de 4 hojas. De calidad escultórica, tanto en su diseño como en su ejecución muy alejada pero apreciable por su singularidad.

Tenemos que incluir la clave de la puerta norte de la iglesia, donde aparece la fecha de 1825, en este caso en números romanos, sobre un medallón elíptico en relieve, con ligera moldura perimetral, ubicada sobre una hoja de acanto sintetizada en la parte baja.

Sirve la imagen anterior para asociarla con la ubicada sobre esta puerta de arco rebajado donde el cantero, presumo imitó la misma disposición y formas que existen en la iglesia claramente con menor maestría.

Otra versión popular ilustrando el dintel de una puerta en la calle del camino de moledores en muy mal estado. La curva y contracurva, con doble simetría, enmarcaría el número de la casa.Parece tratarse de una expresión popular, sin trazado previo (no está centrado) pero que manifiesta la intencionalidad decorativa popular de los propietarios, ahora desapararecida.

Escondida bajo un alero, junto a la iglesia, esta ventana con una hermosa flor detallada en el centro, de relieve profuso, a ambos lados nuevamente dos conchas, realzan un hueco protegido del agua en el que se conserva la calidad de una buena talla.

Para terminar. Una ventana ya desaparecida. Se trata de un alarde de cantería. Un arco doble que cubría una ventana, situada al ras del suelo al recrecer los antiguos empedrados sin eliminar éstos.La arista viva tallada con un fino bocel y rebaje para evitar su rotura.Su ejecutor demostró conocimientos de cantería muy estimables. A pesar del grave deterioro y de la no muy buena calidad de la piedra empleada, sus piezas se mantenían ajustadas hasta el momento de derribo hace ya más de 5 años.

Vistos de este modo, recogidos en pocas páginas, descubrimos un conjunto de muestras, todas ellas distintas pero de alga manera asociadas, que permiten admirar el buen hacer de algunos antepasados que en su trabajo cotidiano en la edificación, dedicaron parte de su saber hacer y esfuerzo a dejar sobre estos muros algunos curiosos ejemplos.

Que sirva de pequeño índice, aprecio de lo bien hecho, respeto y ejemplo para aquellos que gustan de la singularidad en sus fachadas sin recurrir a ejemplos foráneos.

Desde aquí mi estima y aprecio a estos maestros de obras y canteros que supieron y quisieron dejar su obra, para disfrute y ejemplo, tanto nuestro como de todos aquellos que nos visitan y busquen elementos con personalidad y autenticidad propia no copiados o tomados de viajes o revistas.

Texto y Fotos: Luis Puga Oribe.
Febrero 2012

lunes, 29 de agosto de 2011

Fotos: Baile en el Casino - Año 1971

Luis Puga Oribe me ha enviado al correo dos fotos del año 1971 pertenecientes a un baile en el Casino con Los Hermanos Otero. Me cuenta que el chico que toca el acordeón es él, claro, con 40 años menos, y que hay algunas personas que le gustaría indentificar. Así que si alguién se conoce o sabe quienes son pues que se pongan en contacto con nosotros.

sábado, 27 de agosto de 2011

¡La veleta de la torre se va a caer!

Escrito por Luis Puga Oribe.

Desde hace ya un año, la veleta de la torre de Sanzoles no gira. La cruz de forja que, inserta en el pináculo más alto de la torre, soporta en su parte baja una excelente veleta, se ha desplomado peligrosamente hacia la calle.

Aunque solo podemos opinar por los indicios, y no es posible ver de cerca el deterioro, presumiblemente, el pináculo que remata el cuerpo superior de la torre con su cornisa rebajada, perforado por la base de la cruz y custodia de hierro forjado, favorecido por la oxidación, la humedad, el hielo, el viento y otras inclemencias, se está desintegrando.

Este elemento decorativo de piedra, el pináculo abulbado, propio de la arquitectura religiosa de mediados del siglo XIX, tiene en su diseño un problema por el estrangulamiento en la zona intermedia y la compañía de cigüeñas, que pasados los 185 años de su construcción (según reza en números romanos en la puerta norte MDCCCXXV, 1825) puede producir su derrumbe.

La iglesia, levantada con piedra arenisca de la localidad, me contaron que procede de las canteras que todavía existen en el cerro de Las Llaves, en el antiguo (ya desaparecido) camino de Moraleja, desde donde en carros de bueyes se transportaban los sillares hasta la plaza.

Esta piedra, de fácil talla, de cualidades estéticas apreciables, presenta una dureza irregular. Con la extracción de la cantera, al contacto con el aire, adquiere la consistencia y dureza que conocemos. Un cuidado especial supone separarla del nivel del terreno, elevando su arranque con piedra no porosa, la denominada en la zona Jarreña, áspera, con abundante cuarzo que, si bien tiene una difícil talla, sin embargo resuelve con acierto los zócalos de los edificios de arenisca sin destacar del conjunto por su similar coloración.

La humedad persistente ablanda algunos sillares, los descompone haciéndolos desaparecer con el paso de los años. Los contrafuertes de la fachada norte, al solombrío dan muestra de ello.

La torre se cae. Muchos años atrás se observaba el ligero desplome de la espadaña de la iglesia hacia la calle. No sé si alguien midió con plomada esta ligera inclinación. Pero en los dos últimos años se puede apreciar que la veleta se inclina de forma muy acentuada y, con ánimo de equivocarme, no creo que resista otro año más.

La Iglesia de Sanzoles, muy apreciable entre las de la zona, es toda ella de piedra de sillería, realizada de una sola traza, si bien en la fachada norte, en su parte baja podemos ver sillares de granito, probablemente recuperados de otras construcciones mas antiguas, el conjunto fue ejecutado de una sola vez, y salvo la importante reparación que se hizo, creo recordar en el año 1977, que la mantuvo cerrada varios años, y que supuso desmontar la pared norte del altar, la ejecución de una pequeña cimbra y la reconstrucción del arco fajón que se encontraba gravemente flechado, el resto de los trabajos han sido retejados y reparaciones puntuales en techos y coro.

La torre, de diseño esbelto y proporcionado, destaca en la zona por la calidad de su material y porte.

Las espadañas, elementos sólidos, verticales que, generalmente al pie de la iglesia, soportaban las campanas, suponen el elemento de arquitectura tradicional mas destacado de cualquier pueblo.

Las torres cuadradas u octogonales, mas robustas, en muchos casos defensivas, o formando parte de recintos amurallados, dejaron paso a estos estilizados campanarios que, apoyados sobre los muros de las iglesias se elevan del suelo para levantar a un punto alto y despejado las campanas. Éstas, no se construyeron exclusivamente para tocar los días gordos de procesión y avisar a misa, bautizo, comunión o la defunción de algún vecino.

Las campanas suponían el mejor y único medio de comunicación que existía, hasta la invención del teléfono móvil, con los paisanos repartidos por todo el término en sus labores agrícolas o ganaderas.

Avisaban de un incendio, a cobro de tributos cuando acudía el recaudador, y de cualquier otro acontecimiento de importancia para los habitantes del municipio.

Las torres tenían mayor o menor tamaño, en función del número de campanas, colocadas o previsibles, mayor número de campanas permitía mayor variedad de toques. También su decoración, que los visitantes apreciaban en ellas valorando a su población, asociando su riqueza a la de la localidad.

La veleta, con cruz rematada en sus tres puntas en flor de Lis, síntesis de la flor del lirio, forma utilizada por la Orden de Santiago, símbolo de la Virgen, también asociado a la masonería (hasta esta época constructores de iglesias y catedrales).
Cuatro rayos concéntricos rodean un círculo que simboliza la custodia.

La veleta, propiamente dicha, con un demonio en la banderola o parte trasera y ancha, y una serpiente en la flecha, el mal dejado atrás y la serpiente hacia el viento que se asocia al cambio.

Dicho todo esto, la pérdida de la veleta y el crucero, puede no tener mayor importancia para algunos que atienen exclusivamente a su valor religioso, pero además de elemento que simboliza la protección sobre el término, la veleta indica la dirección de los vientos, que informan sobre la llegada de chubascos, tormentas o ráfagas dependiendo de su origen, identifica la plaza, la iglesia y el pueblo, y su deterioro manifiesta un estado de decadencia que representa al conjunto de los vecinos, sean creyentes o no.

Fotos: Luis Puga Oribe / Santi Martín