martes, 29 de mayo de 2007

Elecciones 2007 en Sanzoles

Estos son los resultados de las Elecciones municipales y autonómicas celebradas en el municipio el pasado domingo 27 de Mayo.

Como se puede apreciar, no se sabe con certeza que grupo regirá la Corporación municipal los próximos 4 años. En votos ha ganado el Partido Popular, quedando segundo el PSOE a 37 votos. Por lo tanto, unos u otros si quieren gobernar con mayoría absoluta tendrán que llegar a pacto con Candidatura independiente (104 votos). ¿Que cerrojo abrirá la llave de CI?, en unos días lo sabremos.

jueves, 24 de mayo de 2007

Romería de la Virgen del Viso

Escrito por Santiago Martín Antruejo.

Como cada año, el lunes de Pascua de Pentecostés numerosos vecinos de Sanzoles y de otras localidades de alrededor como Madridanos, Moraleja del Vino, Villalazán, Villaralbo, Gema, Casaseca de las Chanas o Arcenillas se dan cita en la pequeña localidad de Bamba del Vino para celebrar la tradicional romería en honor a la Virgen del Viso (o del Aviso), patrona de nuestra comarca: La “Tierra del Vino”.

Para todo buen peregrino que acude ese día a Bamba, es de obligado cumplimiento hacer una visita a la Virgen en la iglesia de esta localidad: su casa durante todo el año. Muchos de ellos acuden a venerarla caminando desde la localidad donde viven en búsqueda de ayuda o en son de agradecimiento. Ese día, aparte de asistir a los oficios religiosos, sus devotos se quedan después a comer y/o a merendar en la pradera del pueblo, situada al lado del arroyo Aribayos, pasando el resto de la jornada en un ambiente festivo.

No es solamente este día cuando se asiste masivamente hasta este templo. A lo largo de la primavera, en jornadas diferentes llegan por separado los vecinos de las localidades que desde antiguo promulgaron su obligación de peregrinar hasta las plantas de la Virgen en rogativa y voto, y cada pueblo tiene sus formas y sus ritos propios.

A la Virgen del Viso se le atribuye la leyenda de haberse aparecido a dos pastores, en tiempos diferentes de dos siglos consecutivos, y haberles anunciado el sitio exacto donde se encontraban enterrados los restos del toledano San Ildefonso, que habían sido trasladados y escondidos por los cristianos en su huida de las tropas árabes en el solar de la actual iglesia de San Pedro y San Ildefonso de Zamora.

Éstos, como la Virgen les había ordenado, viajaron en siglos diferentes (Siglos XIII y XIV) hasta Zamora para explicar ante las autoridades eclesiásticas la situación del sepulcro, que hasta entonces era ignorada. Al primero de ellos, Pascual (natural de la localidad de Jambrina) no se le escuchó. Se le ignoró, pero al segundo no. El párroco escuchó el relato en presencia del Obispo Don Suero. Se siguieron las indicaciones y se produjo el hallazgo del cuerpo del famoso Santo oculto en una deteriorada caja de madera. A partir de este momento y por esa señal o anuncio se la denominó indistintamente "Nuestra Señora del Viso (o del Aviso)".

Desde entonces, la Virgen fue intensamente enaltecida en una ermita propia situada sobre el cerro del Viso, un otero cercano y dominante perteneciente al término de Bamba que de ella tomó su nombre, en cuya cumbre actualmente está instalado un repetidor de televisión. Desde tan elevado emplazamiento contempló y protegió a los pueblos que quedaba a la vista y en general a todos los demás de la comarca de Tierra del Vino que la aclamó como patrona.

La ermita, de origen templario, fue una de las primeras que existieron en la diócesis de Zamora. Allí su imagen fue venerada hasta finales del siglo XVIII, hasta que por ruina y por las ansias de acercar la imagen venerada a la población, fue bajada a la parroquia de la localidad con la aprobación de los pueblos comarcanos. Dicha parroquia sufrió diversas obras para acondicionarla como santuario de la patrona comarcal. Las piedras de la antigua ermita se reutilizaron para construir su actual camerino, ubicado tras el retablo mayor del altar, al que se le recortó en su centro un gran arco para que desde cualquier punto de la iglesia se pudiese divisar a la Virgen. También se construyeron unas escaleras laterales para poder acceder a dicho camerino.

La imagen que se encuentra en la iglesia de Bamba es de estilo gótico y fue labrada a tamaño natural en piedra arenisca a finales del siglo XIV. La talla es noble, hermosa y muestra a la Virgen de pie sosteniendo a su hijo en brazos (con su mano izquierda) a quien mira con atención. La Virgen tiene un rostro redondeado de finos rasgos y de frente despejada. El niño, de cabello rizado, lleva en su mano una manzana.

En una procesión con la que se la honraba, la escultura se cayó de las andas, rompiéndose en varios fragmentos. Para unirlos se añadieron unos gruesos flejes de hierro que estropearon su estética original. Por eso, actualmente, la talla se presenta bajo mantos de tela, dejando ver solo las caras de la Virgen y del Niño. Desde entonces, solo en ocasiones de especial solemnidad se saca la imagen en procesión. Para su paseo por las calles del pueblo se utiliza una hermosa carroza barroca de ruedas torneadas, que es empujada con respeto por los devotos. Sobre ella se apoya la imagen, dotada de un dosel que se sujeta sobre cuatro columnas de plata repujada y bruñida.

Hace unos años la talla se benefició de una intensa restauración para poder exponerla en las Edades del Hombre del año 2000, celebrada en Zamora capital.

Fotos de una de las últimas salidas que hizo, concretamente en la conmemoración del Año Santo Mariano de 1987-1988.

Antiguamente, La Virgen del Viso se llevada a Zamora acompañada por todas las cofradías y estandartes de la Tierra del Vino, donde se unía con la de la Hiniesta. A estas procesiones se las llamaba popularmente "Procesiones de las imágenes" y tenían lugar en tiempos de sequía.

La frecuencia de estas procesiones, los gastos que ocasionaban a la ciudad y a los pueblos , las peleas con devotos de otras advocaciones y las competencias surgidas entre el Ayuntamiento y el Cabildo dio pretexto al Conde de Aranda para que por orden del Supremo Consejo de Castilla de 8 de Mayo de 1773 no se consintieran en lo sucesivo las procesiones de rogativa en que se llevaban a Zamora las imágenes de Nuestra Señora de la Hiniesta y del Viso, dictaminando que las rogativas y las preces se celebrasen en las mismas iglesias donde se veneraban las imágenes.

Una pandila de Sanzoles merendando en la pradera.

martes, 22 de mayo de 2007

¡Va por usted, Sra. Robustiana!

Escrito por Susi Enríquez Hernández

A pesar de que hace unos días se celebró en Sanzoles la emotiva ceremonia de Primera Comunión de los niños, mantengo vivo el recuerdo que me vino a la mente entonces. Reviví por unos instantes lo que supuso para mí ese día tan especial (amén de la religiosidad y el estupor al sentirme ya integrada en las obligaciones cristianas) con motivo de los regalos y obsequios que recibí de mis familiares, vecinos y amigos.

Creo haber vivido uno de los momentos más felices de mi vida, por haber recibido como regalo una peseta en papel. ¡Dios mío, una peseta!. Entonces recibir una peseta era un regalo especial. Estoy hablando del final de la Guerra Civil, exactamente mi Primera Comunión se celebró el 18 de Mayo de 1939.

La citada peseta, un tesoro sin duda, me la metió en el bolsillo del traje una gran señora: Mª Rosa Avedillo, que siempre tenía una agradable sonrisa en los labios y generosidad a raudales con todo el que se le acercara a su lado.

¡Que alegría, una peseta, Dios mío!. ¿Qué haría con ese dinero?... Ya está. Pensé comprar por la tarde las torrijas que se me antojaran a la Sra. Robustiana, que encaramada en lo más alto del Salón de baile, se ponía con su cesta de golosinas repleta de excelentes torrijas.

¡Que ilusión!. No veía llegar el momento del baile. Creo que apenas comí pensando en las torrijas con las que quería darme un festín. Había reunido en la limosnera unas monedas de cobre de cinco y diez céntimos. Tenía ya sobradamente para todo, pues el baile costaba una perra gorda, o sea diez céntimos, que era el sueldo oficial que tenía los domingos y festivos. Y llegó el momento deseado. Nada más entrar en el baile divisé entre la multitud a la Sra. Robustiana subiéndose a su puesto de trabajo. Se sentó y rápidamente descubrí una gran cesta engalanada con una enorme guirnalda de torrijas. ¡Que brillo tenían y que olor tan profundo al rico aceite de oliva!. Estaban adornadas, cual si fuera nieve, con un polvillo de azúcar que recreaba la vista al más distraído y excitaban al más exigente de los paladares. Me acerqué a su puesto y le dije: "Deme con esta peseta todas las torrijas que pueda". ¿No serán muchas?, me contestó. "Que va, apenas he comido y con el hambre que tengo...". "Toma hija, come estas dos y cuando las termines vienes a por más, porque te sobra todavía bastante dinero". Al momento, ya estaba allí a buscar más. "Toma hija otras dos... ¿No te harán daño?" "Que va, tengo muy buen estómago".

Repetí hasta saciarme, pues una peseta daba para muchas torrijas. ¡Que gula!, ¡Que glotonería!. Mi ansia al buen yantar quedó satisfecha, pero mi conciencia se sintió dañada por haber faltado, según mi escrupuloso pensar, a una de las virtudes cardinales: la templanza. ¡Dios mío, que atrocidad!. No pude estar tranquila hasta que me confesé de nuevo por haber cometido ese gran pecado: unas torrijas exquisitas que me comí con placer el día de mi Primera Comunión. Perdón Dios Mío, pero me tendría que confesar muchas veces por comer torrijas y otros placeres gastronómicos que hoy tenemos en la cocina zamorana y como no, en la cesta de torrijas de la señora Robustiana. ¡Va por usted, Sra. Robustiana!.

lunes, 14 de mayo de 2007

LA FIESTA DE SAN SEBASTIÁN


Escrito por Justo Aldea Sánchez
Fotografías de: Cesar Lozano Aldea

De todos es sabido que esta fiesta se celebraba el día 20 de Enero, que es el día que la Iglesia tiene destinado a este fin, pero por razones que no están muy claras fue trasladada para el día 6 de Septiembre.
Yo he estado averiguando, pero no he obtenido ninguna razón convincente que aclare los motivos por los cuales fue trasladada. En mi opinión particular, pudo ser porque en aquel tiempo se puso de moda el hacer las fiestas de los pueblos con corridas de toros, pero como en Enero las condiciones meteorológicas no son nada propicias para tal fin, la trasladaron para Septiembre. Repito que esta es mi opinión particular.

FIESTA DE SAN SEBASTIÁN

Cuando las tareas de la recolección iban tocando a su fín, allá por mediados de agosto, y ya todas las cuadrillas de segadores estaban de vuelta a casa de la dura tarea del verano, los mozos del pueblo se reunían por la noche y se dirigían a casa del Sr. Alcalde para pedir toros. En algunas ocasiones no eran reuniones muy cordiales, ya que había muchos problemas económicos por los que pasaba el Ayuntamiento y no siempre era fácil distraer unos cuantos miles de pesetas para las diversiones del pueblo. Pero al fin, haciendo juegos malabares, el Sr. Alcalde concedía lo que pretendían los mozos y se ponía en marcha la maquinaria de la Corporación para tener todos dispuesto cuando llegara ese día. Había un dicho popular de aquella época que decía: “Sr. Alcalde, o toros o palos...” pero nunca llegaba la sangre al río.

Una vez llegado el día 5 de Septiembre, por la tarde era cuando empezaba la fiesta de las cuadrillas. Se iban para las bodegas, unos a lavar las vasijas donde se haría la limonada, otros a buscar el vino y otros los limones y el azúcar. Cuando ya estaba preparada se iban a la plaza a preparar el burladero para el día de la corrida. Entonces la plaza era de carros, que se colocaban en círculo formando el redondel. Cada labrador llevaba el suyo.

Por la noche, íbamos a la verbena que era allí en la misma plaza hasta la una y media o las dos de la mañana. Después nos íbamos a echar un trago a la bodega y luego a dormir. Al día siguiente madrugábamos un poco para ir a ver el encierro, que ra por el campo. Primero iban los de los caballos a buscar los toros al prado redondo donde habían estado pastando desde que los compraron y cuando llegaban con ellos a la entrada del pueblo salían los mozos y se los espantaban. Los de los caballos, corriendo detrás de ellos y cuando lograban reunirlos volvían otra vez a intentar meterlos para la plaza. Se los volvían a espantar y así hasta que se cansaban y ya se los dejaban meter.

Sobre las doce de la mañana, cerraban la plaza y sacaban un par de toros, a eso lo llamábamos “La Prueba”. Se toreaba un poco y luego a comer. A las cinco de la tarde era la corrida que empezaba con el despejo de plaza, que nosotros llamábamos “correr las llaves”. Lo hacía algún mozo o moza del pueblo con su caballo, como por ejemplo Rosita, la hija del Sr. Julián Enríquez, que las corrió unos cuantos años, y otro año las corrimos con tres caballos Angel Murcia, Horacio el Molinero y un servidor que las corrió con un caballo que me dejó el Sr. Leonardo, porque entonces había caballos en Sanzoles. Luego salían los toreros, sobre todo uno que era muy famoso por esta zona que se llamaba “Poto”y que casi todos los años venía. Era muy valiente y torcaba toros que habían corrido un montón de plazas, porque entonces no se mataban los toros como ahora. Era ya como una figura decorativa en la fiesta. El año que no venía parecía que le faltaba algo.

Después de la corrida, a merendar a la bodega, como era perceptivo. Luego al baile, que solía ser en una era que ya hubieran terminado y que estuviera limpia. Se podía dar la circunstancia que no hubiera ninguna, entonces tenían que ser en unos prados que había por bajo del puente de la carretera a Zamora que se llamaban El Prao Concejo. Y por la noche otra vez al baile. Al día siguiente, día de San Sebastianico, era el más elegante de toda la fiesta, ya que era el día que se estrenaban los trajes, claro, el que podía, ya que no todos los años se podía estrenar un traje. Había el baile vermut, luego el baile de la tarde y el de por la noche y entre baile y baile iba sazonado con buenas raciones de limonada. Al día siguiente, día de Nuestra Señora, también había baile vermut y por la tarde se remataba la fiesta con el último de los bailes, ya que no nos quedaban fuerzas para más.